Garciani | Carácter verdejo para la revolución Garciani
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Carácter verdejo para la revolución Garciani

Carácter verdejo para la revolución Garciani

Aunque suena a frase hecha, solo con las mejores materias primas se pueden hacer productos de calidad. De una de las mejores uvas de nuestro país, la verdejo, parte nuestro vermú Garciani, que le otorga ese toque fresco y joven, incluso con un punto de amargor que lo hace tan refrescante.

Más de 7 toneladas de uva de esta variedad están detrás de la elaboración de  los primeros 6.500 litros que han visto la luz de Garciani. El origen, no podía ser otro que Segovia, por lo que se han seleccionado las mejores uvas verdejo de la provincia para realizar un producto redondo que mantendrá sus estándares de calidad. De hecho, Garciani continuará su producción únicamente cuando cuente con las mejores uvas verdejo. Solo así así se forja la exclusividad de productos únicos.

Es reconocible por su hoja pequeña, racimo mediano y pedúnculo muy corto. Sus bayas son medianas, generalmente esféricas o elípticas cortas y sus pepitas suelen ser algo grandes, destacando al trasluz cuando se observa la uva.

Podemos acercarnos al vino blanco diciendo que el aroma y sabor de la verdejo tiene matices de hierba de monte bajo, con toques afrutados y una excelente acidez. El extracto, factor de personalidad de los grandes vinos blancos, es perceptible por su volumen y su característico toque amargoso que proyecta en boca un destello de originalidad, acompañado de una gran expresión frutal. Son vinos de gran armonía, cuyo recuerdo tras el paso por boca invitan a continuar con la degustación.

Carácter Rueda

Tierras pardas, ricas en calcio y magnesio, además de pedregosas, facilitan el crecimiento de una de las uvas españolas con más personalidad. La crudeza de las temperaturas con climas extremos y la dureza del entorno, configuran una uva que saca lo mejor de ella misma para protegerse de las inclemencias del tiempo.

La D.O. Rueda se eleva entre 700 y 800 metros sobre el nivel del mar, con tierras llanas pero altas, que soportan inviernos fríos y muy largos, primaveras cortas con heladas tardías y veranos calurosos y secos, sólo alterados por inoportunas tormentas. Este factor obliga a las cepas a buscar sus recursos hídricos en lo más hondo del subsuelo, más que en otras zonas de Europa.

La diferencia de temperaturas entre el día y la noche, es el secreto del equilibrio entre el azúcar que la uva gana con el sol y la acidez que no pierde durante la fresca nocturnidad. La insolación llega a las 2.600 horas anuales que serían excesivas si no fuera por la maduración tardía de la uva.



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